En el programa “El infierno” de la etapa 3A sale un regalo relacionado con las mangueras que dejan en la mesa los actores disfrazados de bomberos y la pista de la tarjeta dice que hay quien asegura que todas las aguas del mundo no bastarían para apagar los fuegos del infierno. Narciso Ibáñez Serrador es un hombre muy culto (recordaré que en sus conversaciones con don Mariano al comenzar el programa solía aparecer con un libro en las manos) y yo creo que esa pista la sacó de la siguiente referencia: el Elucidarium, atribuido a Honoruso d’Autun (ca. 1080-ca. 1157), fue la primera exposición sistemática de la fe católica. El libro obtuvo un éxito prodigioso entre el bajo clero y los laicos de condición modesta, para quienes desempeñó en cierto modo el papel de un catecismo hasta la Reforma. Muy pronto fue traducido a las lenguas vulgares, en todos los dialectos que se hablaban en Occidente. Dice que existen dos infiernos. El infierno superior es este mundo, que está lleno de tormentos. El infierno inferior es un lugar espiritual bajo tierra porque las almas de los pecadores están enterradas allí. Uno de sus castigos es un fuego tal que el mar entero no podría apagarlo.

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