Ayer subieron a la web de TVE este programa. La etapa diez empezó mal, pero, como defiendo, la décima etapa fue mejor que las seis etapas anteriores porque ahí se empezó a corregir errores que se arrastraban desde mucho tiempo atrás. “La Odisea” es un programa limpio, donde nadie es maltratado, ni los concursantes ni el público, donde los personajes de la Viuda de Paco y la Carricoche le dan cien vueltas en humor al personaje de Paloma Hurtado la Viuda de Poco y consiguen que el público se levante de su asiento aplaudiéndolos al concluir su actuación, donde Pepe Viyuela tiene más gracia (se ve la imagen de personas del público tronchándose) aquí que en sus actuaciones de la novena etapa, donde todo es nuevo y no hay motivos sacados de programas ya emitidos ni diálogos copiados de los de temporadas anteriores e interpretados por los mismos cómicos quemadísimos, donde la publicidad es distribuida de manera que ocupa prácticamente el mismo tiempo que en las etapas siete y ocho y nueve (lo digo por la manía que tienen los fans de decir que en las etapas ocho y diez hubo un exceso de publicidad; no es cierto; en las etapas siete y ocho hubo la misma publicidad, pero ésta fue más que en las etapas nueve y diez; y es más, en la etapa diez hubo un poco menos de publicidad que en la nueve), donde se termina con la alegría de un estupendo premio. Sigo pensando que Chicho quiso hacer de la décima etapa una etapa número uno. La parte negativa es un ejemplo de ello. Las secretarias pierden un poco de protagonismo en lo relativo al espectáculo, pero por lo menos eran todas españolas; no se las tuvo que traer Chicho de Gran Bretaña como en etapas anteriores porque sabían bailar. Para mí la decadencia del Un, dos, tres empezó con Mayra Gómez Kemp y las Hurtado, y más especialmente en 1983 en que se cambió la mascota y se inclinó el programa hacia el mundo del espectáculo, haciéndose más maquinal, como Mayra misma, en tono de autocrítica, reconoció en un programa de la sexta etapa. Precisamente un crítico de la revista Teleprograma dijo en el verano de 1983, cuando hacía poco que se había cambiado la mascota y el estilo, que el programa se había vuelto un poco lento. Las Hurtado maltrataban al concursante masculino desde la cuarta etapa y también al público desde la octava. Chicho pensaba que eso de maltratar podía compensar los defectos de que adolecía el programa desde la etapa tres, pero amigo, la gente lo aguantaba en las etapas cuatro y cinco porque no había competencia televisiva, pero desde que llegaron las privadas la audiencia del programa fue cayendo en picado, y a las estadísticas me remito. Por ejemplo, en el programa “La Odisea” hay pequeños momentos en que el presentador Luis Roderas se muestra antipático con los concursantes, sin duda, como Paloma Hurtado dijo en un mensaje, obligado por Chicho, quien seguramente albergaba todavía la idea de que maltratar equivalía a conservar audiencia. Pero estaba claro que no podía ser así ya, y aunque se intentó rectificar era demasiado tarde. Una lástima. Además, ¿qué quedó de las etapas anteriores? De la etapa nueve no digo nada porque fue un fracaso. Los que siguieron de esa etapa fue sin la aureola del Un, dos, tres. De Jordi Estadella y de Miriam Díaz-Aroca ya nadie se acuerda, ni ella, como dijo un medio de la época, llegó a ser la estrella que se esperaba. De Ángel Garó acaba de salir la noticia de que tenía una mala relación con Chicho por motivos económicos, con Jordi y el resto del equipo. Y eso que fue un descubrimiento en su momento, la séptima etapa, al menos. Manolo Sarriá, que debutó en la sexta etapa, sí ha permanecido, y es que en la décima etapa, cuando volvió, tenía una gracia inigualable junto a la Carricoche. Es lo único destacable desde el fenómeno Antonio Ozores en las etapas cuatro y cinco, que dejó de salir en la seis porque ya había perdido su gracia. Y luego tienes por ejemplo uno de los programas del final de la etapa diez, el dedicado a “El doctor Jekyll y míster Hyde”, donde en tres ocasiones en la subasta se falta al respeto a los concursantes o al público, pero esas faltas se compensan mezclándolas con muestras de cortesía hacia las víctimas, o sea que son agresiones edulcoradas. En ese programa, Manolo Sarriá faltó al respeto al concursante (le intentó meter por la boca un dulce), pero era tan buen cómico en esa etapa que se lo perdonamos.

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