Éste es el programa que abre la octava etapa a principios de octubre de 1992, seis meses después de que finalizara la etapa séptima. Jordi Estadella y Míriam Díaz-Aroca seguían de presentadores. Es interesante observar que Narciso Ibáñez Serrador tuvo bastante acierto al elegir a un presentador bilingüe, el catalán Jordi Estadella, porque en la octava etapa hubo un sorteo patrocinado por una marca publicitaria relativo a un juego con los telespectadores, en el que se llamaba por teléfono a uno de ellos, y podía ser de Cataluña y hablar en catalán, por lo que era conveniente un presentador que hablara las dos lenguas. Para la etapa novena Chicho también escogió a un presentador catalán, José María Bachs. Mayra Gómez Kemp, cuando en las etapas cinco y seis llamaba a un telespectador que había enviado una carta para participar como sufridor en casa (en la carta ponían un número que correspondía al azar a un regalo de los de esa noche) y había sido elegida por sorteo, no hablaba catalán. Y, ya que hablamos de patrocinadores y de publicidad, vamos a hacer un pequeño recordatorio sobre la presencia de la publicidad en el concurso. Aquí compilo los textos que escribí sobre la publicidad en el Un, dos, tres a lo largo de mi blog. Antes quiero decir que ya hubo un conato de entreverar publicidad en el concurso en las etapas 3B y cinco, pero realmente cuando el programa empieza a depender demasiado de la publicidad es a partir de la etapa seis inclusive. Creo que exageran el significado de la etapa siete. La etapa siete no fue buena. En cuanto a publicidad, era más o menos como la octava. Recordemos en la etapa siete la publicidad de Diez Minutos, el larguísimo Juego del Zodíaco, la publicidad en el juego de consolación de los concursantes que perdían en la eliminatoria, la publicidad en la presentación de los sufridores, la publicidad de Philips en el juego de Míriam con el público, por cierto horrible, con esas muecas que tenía que hacer la gente, y la publicidad en el Show de Don Mariano, y por supuesto la publicidad implícita en algunos premios. La etapa octava empezó muy mal, ciertamente, aunque luego fue mejorando, pero era más o menos igual, y lo mismo podemos decir de la nueve y de la diez en cuanto a publicidad. En uno de los programas dedicados a Tailandia en la octava etapa, Chicho anunció que iba a desnudar el concurso de publicidad y para ello se suprimiría a los sufridores, cuya presentación iba acompañada de un pequeño anuncio de una marca publicitaria. Pero fue mentirosillo. Quitando a los sufridores, aliviaba al programa de un gasto, porque los sufridores se llevaban el mismo premio que ganaban los concursantes en la subasta. Y al poco tiempo, suprimió también “El show de don Mariano”, que llevaba intrínseco otro poquito de publicidad, para sustituirlo por un espacio publicitario larguísimo que llevaba por título “Diálogos profundos”, con lo cual incrementaba las ganancias del programa. Así mataba dos pájaros de un tiro. Cuando la octava etapa se encaminaba a su recta final, dejó de emitirse “El show de don Mariano” y vino a ocupar su lugar una serie de espacios llamados “Diálogos profundos” que eran ñoñerías en las que se introducía publicidad de la marca Calvo. La duración era prácticamente la misma, pero mientras que en “El show de don Mariano” el tiempo lo cubrían casi todo unos diálogos chistosos entre animales, en los “Diálogos profundos” la publicidad de Calvo ocupaba un tiempo inmensamente mayor. Chicho fue listillo y mentirosillo. No estoy de acuerdo en que en la décima etapa hubiese un exceso de publicidad con respecto a la novena. En la novena etapa había publicidad en el juego de consolación de Ocaso, aunque era muy pequeña porque venía implícita, eso sí, y había publicidad en ese interminable juego de Kellogg’s, y había publicidad al sacar algunos premios en la subasta, como marcas de medias o de plata. En la décima etapa, el tiempo distribuido en la publicidad es el mismo: el tiempo en hablar de Endesa en la eliminatoria cultural es el tiempo que tardaba el juego de Kellogg’s, e incluso es menos, y seguía habiendo como en la novena etapa publicidad al presentar algunos premios de la subasta, y el juego de consolación al principio era con una publicidad muy cortita, pero lo que pasa es que Chicho pensó que faltaba una prueba física en el programa como en las antiguas eliminatorias y por eso puso como juego de consolación la prueba física de Puleva, que tampoco llevaba una publicidad exagerada. En las etapas siete y ocho hubo la misma publicidad, pero ésta fue más que en las etapas nueve y diez; y es más, en la etapa diez hubo un poco menos de publicidad (de cuatro a cinco minutos) que en la nueve (de cinco a seis minutos). Como ya he dicho, la etapa ocho empezó muy mal en el sentido de que era tremendamente sosa y ñoña, aunque luego fue mejorando. Y ahora vamos con el tema que abre la octava etapa. “Los concursos de televisión” de la etapa ocho es de esos temas que, como “La cantera”, que abrió la etapa siete, no se repitieron nunca ni formaron parte de un grupo temático muy definido. Para “Los concursos de televisión” de la etapa ocho puedo sacar lo que relaciono aquí: Donogha y Vaurin; Sri o Laksmi; Tigés; Gad; Fortuna, Tigé, Mater Matuta y Preneste; Nortia; Fo; Daikoku; los Coustou; el concurso de trovadores de la fortaleza de Wartburg; Henrik Pontoppidan; la eliminatoria; la semifinal; la final; el palmarés; el punto; el certamen; y Anthony Perkins. Hay muchos nombres que tienen que ver con la fortuna.

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