Vamos a traer la lista de motivos que preparamos para “La mitología”: por Grecia, el bello mito de Alcíone. Por Roma, la diosa Libitina. Por Egipto, la serpiente Apap o Apepi. Por América del norte, Nanabozho y Manitú. Por Latinoamérica, Votán. Por la India, Indra. Por China, los tengus. Por Japón, Tsuki-Yomi. Por los eslavos, la rusalca. Por los judíos, Abda. Por Mesopotamia, Enki. Por los germanos, las ondinas. Por los esquimales, Aulanerk. Por los celtas, Bran. Por la mitología oceánica, Tané-Mahuta. Y por la mitología africana, Tikoa. A esta lista podemos añadir un motivo más: la contienda entre lapitas y centauros. Por otra parte, Alcíone y Ceix fueron castigados por querer compararse a Zeus y Hera y transformados en alciones (martín pescador). Y Libitina era la diosa de los entierros y de la muerte. E Indra es el dios de los guerreros y del rayo, y va montado sobre un elefante.

Receta. Patatas en ensalada. Se lavan dos kilos de patatas para quitarles toda la tierra y se ponen a cocer cubiertas de agua fría, con un puñado de sal, durante veinte minutos. Cuando están cocidas se sacan del agua y se dejan enfriar un poco, se les quita la piel, se cortan en rodajas finas y se colocan en una fuente. Se escogen tres tomates redondos y duros, se lavan y se cortan en rodajas, colocándolas alrededor de las patatas. En un tazón se mezclan cinco cucharadas de aceite con tres cucharadas de vinagre y se añade una cucharada de cebolla picada menudísima, un diente de ajo y una rama de perejil, igualmente picados, se sazona de sal y pimienta blanca y se vierte sobre las patatas y los tomates.

Reconquista. Las noticias históricas seguras de la reconquista pirenaica son pocas y tardías en estos brumosos tiempos de los orígenes. Hasta pasado siglo y medio de la invasión árabe no comienza en esta región la rebeldía, diferencia notable con Asturias, que comenzó a los siete años. Los núcleos principales de resistencia son: Navarra, Aragón, Sobrarbe, Ribagorza, Pallars, Urgel y Barcelona.

Religión. Omnipotente sempiterno Dios, que asumiste a la Inmaculada Virgen María en cuerpo y alma a la gloria celestial: rogamos nos concedas que, aplicados siempre a las cosas celestiales, merezcamos ser consortes de su gloria. Por el mismo Señor…

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