Vamos a traer la lista de motivos que preparamos para “El fútbol” 1977: Valentino Mazzola; Alfredo Di Stéfano; la red; “Los grandes futbolistas”, del pintor Nicolas de Stael; el once; la línea; el remate; la variante; el campeonato mundial; Santiago Bernabeu; el saque de esquina; y las raíces originales del fútbol que estuvieron en la diáspora de británicos en el siglo XIX contratados por empresas de la metrópoli para trabajar en el extranjero. A esta lista podemos añadir un motivo más: el episquiros griego y el harpastum romano. Por otra parte, Alfredo Di Stéfano es un futbolista argentino nacido en 1926, uno de los mejores de la historia. Y Nicolas de Stael es un pintor francés, de origen ruso (San Petersburgo 1914-Antibes 1955). Se trasladó dos veces con su familia aristocrática y quedó huérfano joven. Primero pintaba decorados en París, más tarde empezó a tener fama. Una de sus obras se llama “Los grandes futbolistas”. Se suicidó.

Receta. Judías verdes en menestra. Pelar y picar una cebolla menudita. En una cacerola poner cuatro cucharadas soperas de aceite a calentar y cuando esté echar la cebolla y dejarla hasta que se ponga transparente, y removiéndola de vez en cuando con una cuchara de madera. Picar una punta de jamón serrano en cuadraditos y añadirlo junto con las hojas verdes de una lechuga cortadas en tiras finas, rehogar todo un poco y espolvorear una cucharada sopera de harina, añadir medio kilo de zanahorias peladas y cortadas en cuadraditos y cubrir todo ello con agua. Cuando estén medio tiernas, añadir dos nabos pelados y picados en cuadraditos, luego medio kilo de judías verdes, quitados los hilos y cortadas en cuadraditos, y tres cuartos de kilo de alcachofas pequeñas, quitadas las hojas duras, lavadas y partidas en cuartos (o por la mitad si son muy pequeñas). Lo último que se añadirá será un kilo de guisantes. Cuando esté todo tierno se rectifica de sal y se sirve en una fuente honda, quitándole algo de caldo si tuviese demasiado.

Reconquista. A la muerte de Alfonso VIII el Bueno (1158-1214), heredó la corona de Castilla su hijo Enrique I (1214-1217), el cual murió pronto de accidente y fue sucedido por su hermana Doña Berenguela. Ésta había estado casada con el rey de León Alfonso IX (1188-1230) y del matrimonio (más tarde disuelto por el Papa) había nacido Fernando III el Santo (1217-1252) a quien su madre dejó el trono castellano. Alfonso IX había sucedido en León a Fernando II (1157-1188) y durante su reinado conquistó las plazas de Badajoz y Mérida, llevando la frontera de su reino hasta el curso del río Guadiana. A su muerte Alfonso IX dejó el reino de León a dos hijas habidas en su primer matrimonio, pero Doña Berenguela consiguió que renunciaran a sus derechos (a cambio de una pensión) en su hijo Fernando III de Castilla, quedando así definitivamente unidos Castilla y León, al año 1230. Alfonso IX intervino en Castilla durante la minoridad de Enrique I, luego luchó contra su propio hijo Fernando III, y para que éste no le heredase dejó su reino a Sancha y Dulce, nacidas de su primer matrimonio, pero Fernando lo unió a Castilla mediante un pacto con sus hermanas. Hecho de trascendental importancia es que en este reinado se reunieron por primera vez en España y en Europa las Cortes, el año 1188, en León. Asistieron los procuradores de las ciudades y en ella prometió el rey no hacer guerra, ni paz, ni tratados, sin consultar a los obispos, nobles y hombres buenos de las villas.

Religión. Oremos. Oh Dios, que bajo el admirable Sacramento nos has dejado un recuerdo de tu Pasión: te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y Sangre, que sintamos continuamente en nuestras almas el fruto de tu redención. Señor, que vives y reinas con Dios Padre en unidad del Espíritu Santo, Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.

Rogámoste, Señor, nos libres de todo peligro de alma y cuerpo; y por intercesión de la gloriosa siempre Virgen Santa María, Madre de Dios; de San José, de tus santos Apóstoles Pedro y Pablo, y de todos los Santos, concédenos, benigno, la salud y la paz; para que, destruida toda adversidad y error, tu Iglesia te sirva con segura libertad. Por el mismo Señor nuestro Jesucristo, Hijo tuyo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo, Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.

Oremos. Concédenos por favor, Señor Dios, que nosotros, tus siervos, gocemos de continua salud de alma y cuerpo; y por la gloriosa intercesión de la bienaventurada siempre Virgen María seamos libres de las tristezas de la vida presente y disfrutemos de las alegrías de la vida eterna.

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