Vamos a traer la lista de motivos que preparamos para “El horóscopo” 1977: la biblioteca de Velázquez; “Geórgicas” de Virgilio, el primer libro imitación de los “Faenomena” de Arato que fueron comentados por Hiparco; los hijos de la ninfa Rodos; la conjunción; Cristóbal Colón; el vicario Nicolás Melchor Szebeni; el “Arenario” de Arquímedes; Gerardo; “Hudibras” de Samuel Butler; Carlos de Sigüenza y Góngora; Pico della Mirandola que estaba contra la astrología; “Las tentaciones de San Antonio”, tema predominante a partir del siglo XV debido a la astrología y a la brujería; Seleuco y el emperador Otón; Paracelso; y la edad oscura de la medicina en Europa. A esta lista podemos añadir tres motivos más: Tiberio, en el año 16, expulsó a los astrólogos de Italia, dejándoles regresar con la promesa de que no ejercerían más su arte; el astrólogo Sila, consultado por Calígula acerca de su horóscopo, le anunció como próxima e inevitable una muerte violenta; y algunos astrólogos habían predicho tiempo antes a Nerón que algún día se vería destituido. Por otra parte, en el primer libro de las “Geórgicas” de Virgilio, que está inspirado en Lucrecio, hay una imitación de los versos de los “Faenomena” de Arato, en lo que se refiere a la descripción de los signos del zodíaco y el sol. Y Nicolás Melchor von Hermannstadt, el vicario Nicolás Melchor Szebeni, estaba de astrólogo en la corte del rey Ladislao, rey de Hungría y Bohemia, después de 1490. Y en el “Arenario”, Arquímedes describe cómo calculó el ángulo que ocupa el sol en el zodíaco, aceptando la hipótesis clásica en el mundo griego de que el mundo es esférico y que el zodíaco es uno de los círculos máximos de esa esfera.

Receta. Acelgas con alubias. Dejar la víspera 100 gramos de judías blancas en remojo. Al día siguiente escurrirlas y acercarlas al fuego cubiertas de agua fría. Cuando empiece a hervir, cambiarlas de agua y añadir unas gotas de aceite con una cebolla pelada y partida por la mitad. Cocer a fuego suave dos horas. Veinte minutos antes del final añadir las acelgas que te vayas a tomar, limpias y troceadas. Poco antes de terminar la cocción, rehogar en una sartén dos dientes de ajo y dos rebanadas de pan, agregar pimentón y retirar la sartén antes de que se arrebate. Machacar el ajo y el pan en el mortero, incorporar a las alubias, sazonar al gusto y dar un hervor.

Reconquista. El testamento de Alfonso X el Sabio no se cumplió. El apelativo de Bravo con que la Historia conoce al rey de Castilla y León Sancho IV (1284-1295) no significaba, cuando se le dio, valiente, sino irascible, porque se encolerizaba con frecuencia. Parece ser que el calificativo se debe a un error de copia de manuscrito confundiendo la p por una b, y en ese caso Sancius Pravus significaría Sancho Depravado. Su historia parece también comprobarlo. En Alfaro mató a don Lope Díaz de Haro, señor de Vizcaya, y a muchos nobles “hizo grandes justicias” o castigos condenándolos a muerte, y pronto rompió las hostilidades contra Alfonso III de Aragón, que había dado refugio a los infantes de la Cerda y el mayor se había coronado rey de Castilla en Jaca (1288). Al subir al trono aragonés Jaime II (1291), Sancho buscó su alianza y concertó con él y con Mohamed II de Granada un pacto contra el sultán de Marruecos y conquistaron Tarifa, que se había convenido sería para Mohamed pero que Sancho se negó a entregar. Despechado el granadino, se unió al sultan Abenjacob, que le dio cinco mil benimerines para rescatar Tarifa, a cuya expedición se unió el infante don Juan, hermano del rey. La plaza fue heroicamente defendida por Alfonso Guzmán el Bueno, que dejó sacrificar a su hijo por no entregar la plaza, y la historiadora doña Mercedes Gaibrois ha demostrado que fue cierto que Guzmán arrojó el cuchillo. Sancho murió tuberculoso en Toledo.

Religión. Oremos. Oh Dios, que bajo el admirable Sacramento nos has dejado un recuerdo de tu Pasión: te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y Sangre, que sintamos continuamente en nuestras almas el fruto de tu redención. Señor, que vives y reinas con Dios Padre en unidad del Espíritu Santo, Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.

¡Oh Dios!, que por medio de San Juan hiciste que tus fieles, en virtud del santísimo nombre de Jesús, triunfaran de los enemigos de la cruz: haz, te rogamos, que vencidas por su intercesión las asechanzas de los enemigos espirituales, merezcamos recibir de Ti la corona de justicia. Por el mismo Señor…

Rogámoste, Señor, nos libres de todo peligro de alma y cuerpo; y por intercesión de la gloriosa siempre Virgen Santa María, Madre de Dios; de San José, de tus santos Apóstoles Pedro y Pablo, y de todos los Santos, concédenos, benigno, la salud y la paz; para que, destruida toda adversidad y error, tu Iglesia te sirva con segura libertad. Por el mismo Señor nuestro Jesucristo, Hijo tuyo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo, Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.

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