Vamos a traer la lista de motivos que preparamos para “Austria” 1982: los jacobinos; el partido democrático; el coronel Prévot y el cohete; los carbonarios; Alfonso Ferrero La Marmora; la mecanización de la industria de la alfombra; Danilo; Odön von Horvath; Charles Sealsfield; el Leitha; el Primero de Mayo; y la represión habsburguesa de Francisco José. A esta lista podemos añadir dos motivos más: el caftán; y Marie von Ebner-Eschenbach. Por otra parte, Alfonso Ferrero La Marmora, militar y político del siglo XIX, ministro de la Guerra en diversas ocasiones, fue el organizador del ejército italiano. Reprimió, como comisario extraordinario, la rebelión genovesa en 1849 y ocupó la jefatura del ejército en la expedición a Crimea en 1855 y en la guerra con Austria en 1866, siendo relevado a raíz de la derrota de Custozza. Y en el siglo XIX empieza a extenderse la mecanización a la industria de la alfombra, así como el uso de las alfombras de felpa (moquetas) y las estampadas (sobre todo en Inglaterra). Se inicia en toda Europa la producción en gran escala de las imitaciones orientales. A fines del siglo XIX Austria y Alemania introducen en las alfombras estilizaciones, algunas veces abstractas, de motivos naturalistas, acentuándose el proceso de transformación en el siglo XX.

Receta. Patatas del pastor. Pelar cuatro patatas medianas y cortarlas en rodajas finas, como para tortilla española. Lavar y secar dos pimientos, retirar el tallo, semillas y filamentos y cortarlos en tiras. Pelar una cebolla, partirla por la mitad y cortarla en lonchas finas. Pelar dos dientes de ajo y filetearlos. Mezclar todos los ingredientes y sazonarlos. Poner una sartén de bordes altos al fuego con aceite abundante y, antes de que empiece a humear, echar las patatas con el resto de las verduras. Graduar el fuego para que la fritura se lleve a cabo despacio, sin que los ingredientes tomen color. Cuando todos los ingredientes estén blandos, escurrir bien el exceso de aceite y pasarlos a la fuente de servir. Pelar 150 gramos de chorizo y cortarlo en rodajas. Poner en una sartén dos cucharadas de aceite y freír el chorizo. A continuación colocarlo sobre las patatas. Se pueden añadir los huevos fritos que se quieran tomar, y acompañar con rebanadas de pan tostadas y frotadas con ajo.

Reconquista. Don Álvaro de Luna llevó dos veces la guerra a los moros, consiguiendo la victoria de la Higueruela (1431), cerca de Granada, y la conquista de algunas plazas; pero todo ello resultaba ineficaz, porque la actitud levantisca de la nobleza hacía imposible la continuidad del esfuerzo. Después de la victoria de Olmedo, cuando más seguro parecía el condestable, fue perdiendo ecuanimidad en sus miras y acierto en sus decisiones. Por sus recelos perdió amigos, y minada su influencia en el ánimo del rey y el no poder resolver el estado endémico de agitación del país, le hizo víctima de una conspiración urdida en los aposentos de la reina. La nueva esposa doña Isabel de Portugal, ganando la voluntad del rey, consiguió que éste mandase prender a don Álvaro, que fue condenado, en un simulacro de juicio, como culpable de haber dado hechizos al rey para dominar su voluntad. En Valladolid (1453), bajo el hacha del verdugo, cayó la cabeza “del mayor señor que conoció Castilla sin corona”. Junto al cuerpo se puso una palangana de plata para que en ella depositaran sus limosnas los que quisieran darla para el enterramiento del maestre: “y en aquel bacín-dice la “Crónica” del rey-fue echado asaz dinero”. Así terminó el que pocos días antes era dueño de Castilla, señor de tantas ciudades y tierras, que podía parearse con los reyes y había gobernado a su antojo durante 30 años al rey de Castilla. “Con todos sus defectos e imperfecciones, don Álvaro de Luna descolló sobre los hombres de su tiempo. En todo el siglo XV, hasta el momento del reinado de los Reyes Católicos, nadie le iguala, ni siquiera se le aproxima. Fue político y capitán, cortesano y guerrero, justador y escritor” (César Silió).

Religión. Oremos. Oh Dios, que bajo el admirable Sacramento nos has dejado un recuerdo de tu Pasión: te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y Sangre, que sintamos continuamente en nuestras almas el fruto de tu redención. Señor, que vives y reinas con Dios Padre en unidad del Espíritu Santo, Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.

Rogámoste, Señor, nos libres de todo peligro de alma y cuerpo; y por intercesión de la gloriosa siempre Virgen Santa María, Madre de Dios; de San José, de tus santos Apóstoles Pedro y Pablo, y de todos los Santos, concédenos, benigno, la salud y la paz; para que, destruida toda adversidad y error, tu Iglesia te sirva con segura libertad. Por el mismo Señor nuestro Jesucristo, Hijo tuyo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo, Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.

Oremos. Concédenos por favor, Señor Dios, que nosotros, tus siervos, gocemos de continua salud de alma y cuerpo; y por la gloriosa intercesión de la bienaventurada siempre Virgen María seamos libres de las tristezas de la vida presente y disfrutemos de las alegrías de la vida eterna.

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