Vamos a traer la lista de motivos que preparamos para “La feria (I)” 1983: los mercados; el desfile circense; los gallardetes, carteles y bombillas; la troupe; la carpa; la menagerie del circo; la ecuyére; el volatinero o titiritero; el acróbata; Potes; los payasos; el tobogán; el tiovivo o carrusel; y la barraca o caseta. A esta lista podemos añadir un motivo más: la plaza. Por otra parte, barraca es el término con el que se designa a una caseta o albergue construido toscamente y a base de materiales ligeros. En España son muy típicas las barracas de la huerta valenciana y murciana, construidas con adobes, de planta cuadrangular y techo de cañas a dos vertientes muy inclinadas. También se llama barraca, por el parecido en su construcción, a ciertas casetas de feria. Y Potes es una población española, en la provincia de Santander, y que es centro de ferias y mercados.

Receta de mañana. Apios a la provenzal. Cortar tres pies de apio (grandes en rama) o seis pequeños a 15 ó 18 centímetros; suprimir las ramas exteriores demasiado filamentosas; sacar los hilos y cortar la raíz en forma de pirámide. Echarlos en agua hirviendo salada y mantenerlos en ella durante diez minutos; escurrirlos; partirlos por la mitad; salpimentarlos interiormente, juntarlos de nuevo y atarlos. Poner en una cacerola 200 gramos de tocino semisalado cortado en lonjas pequeñas; una vez haya desprendido la grasa, añadir seis cebollas medianas, un diente de ajo, cuatro zanahorias, peladas y cortadas en rodajas, y una hoja de laurel. Hacer sofreír, sin que tome color; añadir los apios y dejarlos dorar ligeramente; tapar y rehogar durante diez minutos. Desleír dos cucharadas de tomate concentrado en un vaso de vino blanco; echar esta mezcla a la cacerola. Tapar de nuevo y dejar cocer a fuego lento una hora aproximadamente; durante la cocción, darles la vuelta un par de veces. Para servir, desatar los apios, abrirlos y colocar en una fuente. Hacer reducir a fuego vivo el jugo de cocción y cubrir con él los apios.

Reconquista. Mientras tanto el rey catalanoaragonés Pedro II el Católico era coronado por el Papa, quien mandó darle las insignias reales “que son manto, colobio, ceptro, globo y corona” y juraba “defender la fe católica, perseguir la herejía y guardar la libertad e inmunidad de la Iglesia”. Don Pedro ofreció sus reinos al apóstol, al pontífice y a sus sucesores, haciéndole perpetuamente censatario de la Iglesia y obligándose a pagarle doscientos cincuenta mazmudinas de oro cada año. Nos extendemos sobre este asunto más de lo acostumbrado porque según muchos historiadores es aquí y en estas circunstancias donde tiene origen el escudo de Aragón. Nos referimos a las cuatro barras. Aseguran, pues, algunos historiadores que “el Papa concedió al rey aragonés-tomamos estos datos de la “Historia de Cataluña” de A. Bofarull-que en adelante usase por armas las del ganfalón o estandarte de la Iglesia, consistente en cuatro palos encarnados sobre campo de oro”. El descontento de los señores por esta conducta del rey fue aumentando gradualmente y se propagó por todo el reino por cuanto creían que estaban en peligro las libertades. Esto dio ocasión a que unidos los caballeros y las ciudades levantaran por primera vez el grito de Unión que tantas veces había de sonar más tarde en la historia.

Religión de mañana. Oremos. Oh Dios, que bajo el admirable Sacramento nos has dejado un recuerdo de tu Pasión: te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y Sangre, que sintamos continuamente en nuestras almas el fruto de tu redención. Señor, que vives y reinas con Dios Padre en unidad del Espíritu Santo, Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.

Rogámoste, Señor, nos libres de todo peligro de alma y cuerpo; y por intercesión de la gloriosa siempre Virgen Santa María, Madre de Dios; de San José, de tus santos Apóstoles Pedro y Pablo, y de todos los Santos, concédenos, benigno, la salud y la paz; para que, destruida toda adversidad y error, tu Iglesia te sirva con segura libertad. Por el mismo…

Oremos. Concédenos por favor, señor Dios, que nosotros, tus siervos, gocemos de continua salud de alma y cuerpo; y por la gloriosa intercesión de la bienaventurada siempre Virgen María seamos libres de las tristezas de la vida presente y disfrutemos de las alegrías de la vida eterna.

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