Vamos a traer la lista de motivos que preparamos para “La antigua Roma” 1985: Lucio Cornelio Cina, Mario, Sila, Sertorio, Yugurta y las guerras sociales; las siete colinas de Roma; la batalla de Pidna; la conquista de Corinto; el incendio de Cartago; Lars Porsena y Cayo Mucio Escévola; la ley de las doce tablas; la batalla de Teutoburgo; Lucio Juno Bruto y Tarquino el Soberbio; los Gracos; Nerón; César, Antonio Octavio, Marco Junio Bruto y Casio; César y Pompeyo, Farsalia y Munda; Catilina, Cicerón, Salustio, Pistoya, Publio Léntulo Espínter y Publio Léntulo Sula; y Tarpeya. A esta lista podemos añadir tres motivos más: Dionisio Ridruejo; Gaston Boissier; y Ramón Subercasaux Viguña. Por otra parte, la batalla de Pidna, encuadrada en la Tercera Guerra Macedónica, fue una victoria decisiva en 168 a. c. del ejército romano de Lucio Emilio Paulo sobre Perseo de Macedonia. Y siete colinas circundaban a la Roma antigua: Aventino, Celio, Palatino, Esquilino, Capitolino, Viminal y Quirinal. Y la ley de las doce tablas fue el primer código romano, del siglo V a. c., escrito en doce tablas de bronce.

Receta de mañana. Guisantes con lechuga. Se desgranan dos kilos de guisantes y se preparan dos piezas de lechuga quitándoles las hojas una por una y lavándolas bien; después se pican. En un poco de agua hirviendo se ponen a cocer los guisantes, agregándoles a continuación la lechuga escurrida, se salpimenta y se deja cocer. Se pone al fuego una sartén con una cucharada de aceite y se añaden 25 gramos de tocino de jamón para que se derrita. Cuando ha hecho bastante grasa se añade una cebolla picada, dejándola freír, y cuando esté dorada se añade una cucharada bien colmada de harina. Se rehoga un poco y, sin dejarlo tostar demasiado, se deslíe con un poco de caldo de los guisantes. Se vierte sobre éstos y se deja cocer el conjunto hasta que estén cocidas las verduras y en su salsa. Se retira del fuego y se incorpora a los guisantes un huevo batido poco a poco y sin cesar de mover.

Reconquista. Por lo que hace a España, Pedro IV el Ceremonioso había encargado a su hijo que, antes de decidirse por uno u otro pontífice, se mirase y entendiese bien cuál de las dos elecciones debía ser aceptada. A tal fin, Juan I convocó en Barcelona una junta que se decidió por Clemente VII, al cual, así como a su sucesor Benedicto XIII, siguieron prestando acatamiento los reyes de Aragón, hasta que Fernando el de Antequera, aunque muy agradecido a la protección y buenos oficios que el Pontífice le había prestado para ser elegido rey de Aragón, movido por poderosas razones y anhelando la paz de la Iglesia, después de haber exhortado sin ningún éxito al inconmovible Luna a renunciar a la tiara, se apartó de la obediencia del papa de Peñíscola, que como acabamos de decir siguió, a pesar de ello, hasta su muerte considerándose como verdadero Pontífice.

Religión de mañana. ¡Oh Dios!, encumbrador de los humildes, que ensalzaste a San Francisco, Confesor, con la gloria de Los Santos: danos, Te rogamos, que por sus méritos e intercesión consigamos felizmente los premios prometidos a los humildes. Por N. S. J. C. …

Te rogamos, Señor, que la observancia de los sagrados ayunos acreciente nuestra piedad, y nos alcance la continua asistencia de tu misericordia. Por N. S. J. C. …

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