Vamos a traer la lista de motivos que preparamos para “La gastronomía de vigilia”: el folklore ruso; las primicias de la cebada en Pascua y las del higo en Pentecostés; la Semana Santa, el Triduo sacro y el Jueves de la Cena del Señor; la Pascua y los días ázimos; el día de pescado, de viernes o de vigilia; Lev Sestov; el lavatorio de pies y Fernando III de Castilla y León; la sal de Pascua en Rusia; los Reyes Católicos y el ayuno; el miércoles de ceniza; el domingo de Resurrección; doña Cuaresma, del “Libro de buen amor” del Arcipreste de Hita; Raúl González Tuñón; los cuchillos de la Edad Media; el maestro cocinero Roberto de Nola; “Las tinieblas” y la “visita de los monumentos”; Rosario Castellanos; los kulichí y los pasji rusos; los huevos de Pascua; el pan de Pascua (paska) en Ucrania; la “colecta de las brujas” en Suecia; duelos y quebrantos; “San Hugo de Grenoble en el refectorio de los cartujos”, de Zurbarán; el hornazo; y las “maravillas” suizas. A esta lista podemos añadir tres motivos más: el diablillo; las angarillas; y Gabriel Miró. Por otra parte, en Rusia la sal de Pascua era una sal negra que se preparaba el Jueves Santo y a la que se atribuía toda clase de propiedades. Y el hornazo es un agasajo que en los pueblos hacen los vecinos al predicador que se ha tenido en la Cuaresma, el día de Pascua. Y las “maravillas” suizas están hechas a base de huevos, harina, levadura, mantequilla y zumo de limón, que se fríen luego en aceite. Eran típicas de la Cuaresma, pues se conservan muy bien. Se hacían el jueves precedente, último día en que podían cocerse pan y pastas. Y Lev Sestov, seudónimo de Lev Isaakovic Schwarzmann, fue un filósofo ruso (1866-1938). Entre sus obras destaca “Gran vigilia” (1912).

Receta de mañana. Judías verdes con jamón. Limpiar un kilo de judías verdes (si son anchas, cortarlas en tiras delgadas), lavarlas y escurrirlas; cortar 150 gramos de jamón serrano en tiras delgadas; pelar 400 gramos de cebollas y cortarlas en tiras delgadas y largas; pelar dos dientes de ajo y medio kilo de tomates maduros; exprimir éstos y picarlos bien; machacar un clavo de especia y cuatro granos de pimienta en el almirez. Poner la olla o marmita al fuego con poca agua (que cubra apenas las hortalizas); cuando esté hirviendo, echar las judías, la cebolla, los ajos enteros, una ramita de hierbabuena, y las especias machacadas; cuando falten cinco minutos para estar cocidas, echar sal; una vez cocidas, escurrir la poca agua que quede. En una sartén grande puesta al fuego con dos decilitros de aceite, freír el jamón; cuando esté dorado, echar los tomates y dejarlos freír bien; sazonar con sal. Añadir entonces las judías escurridas, separando los ajos y la ramita de hierbabuena, mezclar bien con el jamón y el tomate frito, dándoles unas vueltas por la sartén. Servir en fuente o legumbrera caliente.

Reconquista. Con Castilla y León unidos se constituye un poderoso y extenso reino, en el que el primer cuidado de Fernando III fue reprimir la anarquía de los señores castellanos para afianzar su autoridad en el interior. Conseguido esto, comenzó inmediatamente a preparar sus campañas contra los musulmanes que fueron siempre metódicas y progresivas. Ya Castilla domina el paso natural al valle del Guadalquivir, en el que había estado la sede de los califas, y en el que aún se mantenía el foco cultural del reino moro de Sevilla. Las armas de Fernando III avanzaron por él regularmente y desde 1224 a 1248 llegaron desde Martos y Andújar hasta Sevilla, rindiéndose poco después Cádiz, Jerez y otras plazas que no fue necesario tomar por la fuerza. Jaén, Córdobaa y Sevilla fueron las capitales conquistadas y esta campaña aumentó tan considerablemente el prestigio del rey que, aun antes de terminarla llegó a tener como vasallos a los reyes moros de Murcia y Granada, pero Murcia acabó entregándose, y con esta adquisición Castilla quedó asomada al Mediterráneo. Los musulmanes españoles habían quedado reducidos a la zona montañosa del Sur, donde tuvieron su último baluarte en el Reino de Granada.

Religión de mañana. Oremos. Oh Dios, que bajo el admirable Sacramento nos has dejado un recuerdo de tu Pasión: te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y Sangre, que sintamos continuamente en nuestras almas el fruto de tu redención. Señor, que vives y reinas con Dios Padre en unidad del Espíritu Santo, Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.

¡Oh Dios!, en cuya caridad y amor consiste la santidad: multiplica en nosotros los dones de tu inefable gracia; y pues en la muerte de tu Hijo nos hiciste esperar lo que creemos, haz que, por su resurrección, lleguemos a lo que aspiramos. El cual contigo…

Rogámoste, Señor, acojas benigno las súplicas de tu Iglesia; para que, destruida toda contradicción y error, te sirva con segura libertad. Por N. S. J. C. …

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