Vamos a traer la lista de motivos que preparamos para “Mujer y belleza”: Pigmalión; las Prétidas; Ester; Friné; Juan Arolas; Mme. Laprince de Beaumont; Jean Harlow; Lais; André Billy; Gina Lollobrigida; Cesare Zavattini y Anna Magnani; la miss; Jacopo Zucchi; Hnoss; Carlos Enrique Pellegrini; Carlos Guido y Spano; Igpuriara; Mami Wata; Pallené; Acteón y las mujeres sorprendidas en el baño; Teófana; Deyanira; el “juicio de Paris”; Hiera; las representaciones de dama; Elena Fourment; Marie Laurencin; Alfredo Bigatti; Berthe Morisot; Josep Clarà; y Juan Pantoja de la Cruz. A esta lista podemos añadir dos motivos más: Tiresias; y Jean Giraudoux. Por otra parte, Pigmalión, en la mitología griega, era un escultor de la isla de Chipre que esculpió una mujer tan perfecta que se enamoró de ella y Afrodita le dio vida a la escultura. Y las Prétidas, en la mitología griega, eran hijas de Preto y Estenebea, y eran tres: Lisipe, Ifinoé e Ifianasa. Fueron castigadas con la locura por haber pretendido superar en belleza a Hera. Y los antiguos hebreos consideraban a la que llamamos verde oliva como la tez ideal. Así se dice de Ester, en elogio de su belleza. Y Jean Harlow, nombre artístico de Harlean Carpenter, fue una actriz de cine norteamericana (1911-1937), muy famosa por su belleza. Y Lais fue una ilustre prostituta de Corinto, de la que se dice que tenía el cuerpo más hermoso de su época.

Receta de mañana. Tortilla murciana. Primero preparar la berenjena. Pelarla o limpiarla con un paño húmedo (si es tierna y se puede, dejar la piel). Quitar la cabeza y el final del tallo, y cortar en rodajas a lo ancho. Poner algunas rodajas en un colador. Echar abundante sal encima de cada capa. Tapar con un plato que ajuste dentro del colador, poner algo de peso encima y dejar que escurran. Dejar por lo menos treinta minutos en el escurridor, para que se eliminen los jugos amargos. Enjugar cuidadosamente cada rodaja en agua fría, y secar con papel de cocina. Cortar cien gramos de jamón a dados pequeños; pelar una cebolla y picarla; cortar un pimiento a cuadraditos; pelar y cortar a daditos una berenjena y un calabacín. Poner la sartén al fuego, echar un decilitro de aceite, y cuando esté caliente, empezar por freír el jamón, la cebolla y el pimiento; cuando estén medio fritos, añadir la berenjena y el calabacín; mezclar bien todos los ingredientes; cuando estén fritos incorporar dos tomates maduros, pelados y picados; freírlos también hasta que pierdan su acuosidad; sazonar, teniendo presente que el jamón suele estar fuerte de sal. Cascar ocho huevos y batirlos en un cuenco; echarles un poco de sal. Echar los huevos en la sartén; cuajar la tortilla; darle la vuelta procurando que quede dorada por ambos lados. Se puede acompañar de una ensalada del tiempo.

Reconquista. Alfonso V el Magnánimo fue, en realidad, más que un rey español, un rey italiano, pues en Italia pasó la mayor parte de su vida, mientras en Aragón gobernaba su mujer doña María y su hermano Juan. Su figura no es popular; en cambio, pocos soberanos han recibido mayores elogios de los escritores. Jorge de Trebisonda, Valla, Filelfo y Poggio, protegidos por Alfonso, le prodigaron alabanzas en su escritos y contribuyeron a la fama y al epíteto de Magnánimo. Alabanzas de artistas y literatos amigos que no le tributó el pueblo. La fama que goza de “magnánimo” es debida a la protección otorgada por él a toda clase de literatos y artistas, como corresponde a un soberano de la Italia renacentista. Acogió en sus Estados a muchos griegos que huyeron de Constantinopla a la caída de ésta en poder de los turcos (1453), contribuyendo así a fomentar el conocimiento y el amor por la antigüedad clásica. Esa acogida que hizo es su mejor elogio. Se aficionó a las antigüedades como buen magnate del siglo XV y su corte de Nápoles tuvo el ambiente fastuoso de las cortes italianas de aquellos tiempos, en la cual se celebraban brillantes fiestas, hallando espléndida acogida artistas y literatos. A estos escritores asalariados, como el Panormita, debe su gloria erudita, pues llegó a Nápoles a los 36 años y de antes sabemos su pasión por la caza, la música y el baile; montaba bien a caballo y era diestro en el manejo de la espada, pero no tenía fama de literato. A los atractivos de aquella corte literaria se aunaban los de la joven Lucrecia de Alagno; unos y otros explican que no regresase a Aragón, desoyendo las instancias que se le hacían.

Religión de mañana. Oremos. Oh Dios, que bajo el admirable Sacramento nos has dejado un recuerdo de tu Pasión: te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y Sangre, que sintamos continuamente en nuestras almas el fruto de tu redención. Señor, que vives y reinas con Dios Padre en unidad del Espíritu Santo, Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.

Suplicamos, Señor Dios, nos concedas a tus siervos gozar de perpetua salud de alma y cuerpo; y, por la gloriosa intercesión de la bienaventurada siempre Virgen María, seamos libres de la tristeza presente y gocemos de la eterna alegría. Por N. S. J. C. …

Rogámoste, Señor, acojas benigno las súplicas de tu Iglesia; para que, destruida toda contradicción y error, te sirva con segura libertad. Por N. S. J. C. …

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