Vamos a traer la lista de motivos que preparamos para “El ajedrez”: el Corán prohíbe los juegos de azar pero permite el ajedrez; Al-shatranj; el tesoro de Saint-Denis; el relicario de esmalte llamado “ajedrez de Carlomagno”; Lugh; Etain; el Ramayana; sir Huon de Bordeaux; el “Libro del Ajedrez” de Alfonso X el Sabio; las iluminaciones de manuscritos flamencos; Lucena y Ruy López de Sigura; William Caxton; Ruy López de Segovia; Thomas Middleton; François André Philidor; el Casino de Agricultura de Valencia y el Casino Militar de Barcelona; Leonardo Torres Quevedo; Max Euwe; José Raúl Capablanca; Vsiévolod Ilariónovich Pudovkin; Emanuel Lasker; Rosa Arciniega; Enrique Anderson Imbert; Mijail Moiseevich; Botvinnik; Satyajit Ray; Bobby Fischer; los cafés vieneses; y la iglesia de San Martín en Arévalo (Ávila). A esta lista podemos añadir tres motivos más: Jorge Francés; Vladimir Nabokov; y Tigran Petrosian. Por otra parte, la iglesia de San Martín, en Arévalo (Ávila), tiene dos bellas torres gemelas mudéjares. La llamada de los Ajedreces ofrece varios cuerpos de arcos ciegos y, en la parte superior, unos recuadros de ladrillo y yeso que remedan tableros del popular juego. Y la inclinación por la lógica y las matemáticas es tan propia de la inteligencia vienesa como el ajedrez en los cafés, así que no es de extrañar que las técnicas matemáticas de la música y el positivismo lógico nacieran en Viena. Y Robert James, llamado Bobby, Fischer, es un ajedrecista estadounidense nacido en 1943. Destacó desde muy joven, fue seis veces campeón nacional de su país y campeón mundial durante tres años. Y Enrique Anderson Imbert es un escritor e historiador de la literatura argentino, nacido en 1910. Es autor, entre otras obras, de “La locura juega al ajedrez”. Y José Raúl Capablanca (1888-1942) fue un ajedrecista cubano, campeón mundial durante seis años. En 1927 el gobierno cubano le nombró embajador.

Receta de mañana. Crema de zanahorias. Se ponen las zanahorias cortadas a cuadritos, los puerros (ídem) y unos granos de arroz en el agua hirviendo. Se tiene veinte minutos. Se le echa la sal. Se pasa por el pasapurés y se cuela. Se pone una sartén con aceite y se fríen unas habitas peladas y unos cuadraditos de pan, como guarnición.

Religión de mañana. ¡Oh Dios!, que diste a tus Apóstoles el Espíritu Santo: concede a tu pueblo el fruto de su piadosa oración; y pues nos diste la fe, danos también la paz. Por N. S. J. C. …en unidad del mismo…

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