Vamos a traer la lista de motivos que preparamos para “El fuego”: Agni; Pargari; las vestales; Aclla; Gucomatz; Huehuetéotl; la leyenda yanomani; Al; Izanagui; Bumba; Ftah; Vainamoinen y Zenit; Foroneo; Alcida; la ninfa Egina; el Logos; el ave Fénix; Surt y Loki; los manes; los genios o chinn; la cerilla; “El templo del fuego” (Atis-kada); Gabriele D’Annunzio; Gabriel Alomar; Íñigo López de Mendoza, marqués de Santillana; Salvador Rueda; Enrique González Martínez; Carlos Pellicer; Héctor Tizón; Enrique Molina; José Arturo Alsina; Marie Pujmanová; Aleksandr Nikolaievich Skrjabin; y Henri Barbusse. A esta lista podemos añadir un motivo más: Alekandru Macedonski. Por otra parte, Atis-kada (“El templo del fuego”) es una compilación de biografías de cientos de poetas persas, escritas en persa por Lutf Ali beg (1711-1781). Y Alexander Nikoláievich Skriabin (1872-1915) fue un compositor y pianista ruso, primero romántico, luego expresionista, y finalmente influido por la teosofía. Entre sus obras destaca “Poema del fuego” (1909-1910). Y Carlos Pellicer (1899-1977) fue un escritor mejicano, autor de obras como “Con palabras y fuego”. Y Marie Pujmanová (1893-1958) fue una escritora checa que escribió poemas y novelas, generalmente desde un punto de vista social y político. Entre sus obras se cuenta “El juego con el fuego”. Y Salvador Rueda (1857-1933) fue un poeta y novelista español, que destacó en obras como “Lenguas de fuego”.

Religión de mañana. ¡Oh Dios!, que con preferencia a todos los santos quisiste que San Joaquín fuese padre de la Madre de tu Hijo: rogamos nos concedas experimentar constantemente el patrocinio del Santo cuya fiesta celebramos. Por el mismo Señor…

¡Oh Dios!, que Te dignaste conceder a Santa Ana la gracia de llegar a ser madre de la Madre de tu Unigénito Hijo: concédenos propicio que seamos delante de Ti favorecidos con la protección de la Santa cuya solemnidad celebramos. Por el mismo Señor…

Receta de mañana. Habas guisadas. Desgranar las habas, lavarlas y ponerlas en una cacerola. Pelar y picar menuda una cebolla pequeña y colocarla en un montoncito, encima de las habas. Poner una cucharada de pimentón encima de la cebolla. Calentar en una sartén cinco cucharadas de aceite. Freír en él una rebanada de pan y dos o tres dientes de ajo, con un pequeño corte en la cáscara para que no estallen, hasta que estén bien dorados. Debe hacerse todo a fuego lento. Sacar un ajo y el pan de la sartén y reservarlos aparte. Verter el aceite caliente con el ajo restante sobre las habas, así se freirá el pimentón. Añadir varios granos de pimienta enteros, y como un cuarto de litro de agua. Sazonar con sal y llevar a ebullición. Tapar, reducir el fuego y dejar que hiervan lentamente hasta que estén tiernas. Majar en el mortero el pan y el ajo, pelado, desleír con un poco de agua y verter sobre las habas. Dar un hervor pequeño y servir.

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