Lo que tenemos construido para “Los cuentos infantiles” 1982 es lo siguiente: Chîrin y Cosroes; Lohengrin; los cuentos de Calleja; Wilhelm Hauff; Mary Louisa Stewart; la condesa d’Aulnoy; Dick Whittington; Isaac Bashevis Singer; Edmund Spenser; James Barrie; “Las tres princesas negras”; el cuento de Aristeo en las “Geórgicas” de Virgilio; Paul Dukas; el gnomo; Carlo Collodi; Harriet Martineau; y Phillip Pullman. Selma Lagerlöf; y Henry Purcell. “Las tres princesas negras” es un cuento de hadas alemán, que narra cómo un joven llega a un castillo negro en el bosque y encuentra a tres princesas enterradas hasta la cintura, y que para redimirlas el joven no debe hablar durante un año y no hablar a nadie acerca de ellas. Edmund Spenser (ca. 1552-1599) fue el más importante de los poetas ingleses renacentistas, de la época isabelina, autor, entre muchas otras obras, del poema épico “La reina de las hadas”, dedicado a la reina Isabel I de Inglaterra. Dick Whittington es el protagonista de un cuento infantil en el que, entre otras cosas, llega a ser alcalde de Londres. Además, Wilhelm Hauff (1801-1827) fue un poeta, novelista y cuentista alemán. Representante de la llamada escuela suaba, cultivó diversos géneros (la novela histórica, los cuentos fantásticos, el relato corto) sin llegar en su corta vida a la expresión de su propia originalidad. También cultivó el cuento de hadas. Y la escritora escocesa Mary Louisa Stewart (1839-1921), Molesworth por su apellido de casada, publicó “Cuckoo clock” (“El reloj de cuco”), una de las más populares de sus muchas historias infantiles, en 1877. Y el rey persa Cosroes II evoca la edad de oro de la realeza sasánida. El recuerdo del lujo de la corte del rey sasánida fue sustituido entre los árabes por el de sus amores y principalmente por el de sus amores contrariados con la que debía convertirse en su mujer: la princesa Chîrin, apodada en ocasiones Tchihraz-âdh que, en persa antiguo, quiere decir “de noble raza”. Esta Chîrin, casi completamente ignorada en el resto del mundo, es extraordinariamente popular en los países árabes de la actualidad, tanto como lo fue en la Persia de antaño. La obra magistral de la literatura iraní, escrita en 1180 por el poeta Nizami, se denomina “Historia de Chîrin y Cosroes”. Después de Salomón y la reina de Saba, Cosroes y Chîrin constituyen una de las más antiguas parejas de grandes enamorados cantadas por los hombres. Los amores de Cosroes y Chîrin siguen siendo uno de los temas constantes de las miniaturas persas. Chîrin no inspiró únicamente el personaje de Scherezade. Después de la muerte de los dos amantes, los relatos de los amores de Cosroes y Chîrin pasaron de la Corte a la ciudad y apasionaron al público. Los narradores los bordaron copiosamente. Partiendo del relato fundamental del que hizo Nizami una obra maestra, multiplicaron las digresiones y las narraciones complementarias. Las aventuras auténticas o apócrifas de Cosroes y Chîrin acabaron por constituir un verdadero ciclo. Los narradores persas las agruparon con otros relatos del tiempo esplendoroso de la corte de los antepasados de Cosroes, con las fábulas de Bidpai y con los cuentos de hadas (Peris o Banus), antigua especialidad iraniana. El conjunto titulado “Hazar Afsanah” (“Mil cuentos”) es el antepasado de “Las mil y una noches”. El éxito de esta obra actualmente perdida fue tan grande que a partir del siglo VIII los narradores árabes se propusieron islamizarla, reproducirla de acuerdo con su religión, sus costumbres y su fantasía. Sustituyeron la pareja Cosroes-Chîrin por la pareja Harún al-Rashid-Sett Zobeida. Confudieron en una misma leyenda la pareja histórica sasánida del siglo VI y la pareja histórica abasí del siglo VIII.

Receta de mañana. Garbanzos a la catalana. Se pone a remojar medio kilo de garbanzos la víspera. En agua hirviendo con sal se ponen a cocer, y cuando empiezan a estar cocidos se preparan del modo siguiente: en una sartén se ponen cincuenta gramos de manteca de cerdo, y cuando está caliente se fríen dos cebollas picadas finas; a continuación se añaden tres tomates, sin piel ni pepitas y muy picaditos; cuando está todo bien frito se añaden 150 gramos de butifarra hecha rodajas gruesas. Este conjunto se echa en una cacerola, donde se agregan los garbanzos sin caldo. Se dejan dar unos hervores, moviendo la cacerola para que los garbanzos no se deshagan, y a continuación se agrega algo del caldo de los mismos, se rectifica de sal, se añade pimienta y se deja cocer muy lentamente hasta que estén tiernos y en su punto. Al servirlos se cubren con dos huevos duros muy picaditos.

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