Lo que tenemos construido para “La magia (II)” 1983 es lo siguiente: Gefjón; los otomíes; Yu; Andrew Lang; el faquir; Simón el Mago y Dositeo; el verraco; Ogmé; Drianceht; Harry Houdini, el ilusionismo y la prestidigitación y Leopoldo Fregoli; Willem Claesz Heda; y Hécate. La teurgia. Los otomíes, pueblo ligado a los olmecas de Méjico y que fueron los primeros pobladores Del Valle de Tula, realizan magia blanca con figuras de papel blanco y brujería con papel negro. Mitos o leyendas de la antigüedad china como el del emperador Yu reflejan habitualmente la lucha del ser humano por domeñar la naturaleza, para lo que, ocasionalmente, se les atribuyen a los protagonistas poderes mágicos o se les dota de fuerzas sobrenaturales. Yu abrió caminos en las montañas y desvió las aguas del río Amarillo. Además, a Diana o Ártemis se le atribuye triple rostro, porque era vista en el cielo como Luna, en la tierra como Diana y en el infierno como Hécate. De estas tres manifestaciones de la diosa, Hécate, diosa de la magia y de los hechizos, es la más vinculada a Medea. Y el faquir, palabra que viene del árabe, y significa “pobre”, es el nombre atribuido a ciertos musulmanes dedicados a la vida ascética, tanto porque viven de limosnas como porque se les considera “pobres” de Dios. El nombre ha sido extendido impropiamente por los europeos para designar a los “yogis” indios, convirtiéndose después en sinónimo de “hombre dotado de poderes mágicos”, sobre todo poderes físicos como resistencia al fuego, a los clavos, vidrios, etc. Con el nombre de faquir se designa también a taumaturgos, videntes, etc. En los países de Oriente, especialmente en la India y Pakistán, los faquires practican la mortificación, hacen voto de pobreza y, en ocasiones, viven en comunidad. Algunos estudian en las mezquitas para “mullahs”, doctores de la ley sagrada, y otros son seguidores del brahmanismo.

Receta de mañana. Guiso de garbanzos con bacalao. La víspera por la noche poner medio kilo de garbanzos en remojo en agua templada. En una olla poner dos litros y medio de agua más bien caliente. Echar los garbanzos (escurridos de su agua de remojo), 125 gramos de bacalao deshecho en trozos no demasiado pequeños y con piel, dos dientes de ajo y una hoja de laurel. Cuando rompa a hervir, bajar el fuego y dejar que cueza suavemente dos horas (más o menos según la clase de garbanzos). Preparar medio kilo de espinacas. Quitar los tallos, lavarlas muy bien y escurrirlas. Añadirlas a la olla y dejar que cueza todo junto otra media hora. En el mortero machacar medio diente de ajo con una ramita de perejil. En una sartén poner tres cucharadas soperas de aceite, y cuando esté caliente echar una cebolla de unos cien gramos muy picada  y dos tomates medianos bien maduros, pelados y troceados, y rehogar dando vueltas con una cuchara de madera. Cuando esté la cebolla transparente, añadir una cucharada sopera de harina, el contenido del mortero y un pellizco de pimentón y darle unas vueltas durante tres minutos (cuidando de que no se queme el pimentón). Incorporarlo a la olla y remover con una cuchara de madera. Probar y añadir sal (aunque no suele ser necesario). Dejar que cueza otros quince minutos. Servirlo en sopera, retirando antes la hoja de laurel y los dientes de ajo.

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