Lo que tenemos construido para “La historia del pelo” es lo siguiente: Berenice; el arte de Mesopotamia (Asiria y Caldea); los hiperbóreos y el luto griego; Escila y Niso; los hebreos y otros orientales; los musulmanes de España; Yum-Kimil; Painemilla y Painefilu; los glaladakot; los escitas; las cabelleras de los guerreros indios; Fiura; Kukulcán; los khalsa; Rama; Aditi; Sif; Va-kul; Oh-kuni-nushi; Kompira; Hallgerd; las cabelleras de los muertos en tiempos de Isabel I de Inglaterra; Ambroise Paré; las barbas rusas; Pierre-Augustin Caron de Beaumarchais; las pelucas grandes del siglo XVIII; el bisoñé; Gillingwater y el aceite de Macasar; Peter Cornelius; Ramón Ortega y Frías; Félix Valloton; Gabriel de la Concepción Valdés; el “peinado a lo garçon”; y Ventura Gassols. Los tracios; Richard Burbage; y la batalla de Assandun. Las pelucas grandes estuvieron de moda en la primera mitad del siglo XVIII. A finales de éste y principios del XIX, se empezaron a llevar más pequeñas, para pasar de moda algo más tarde. Ambroise Paré (ca. 1509-1590) fue cirujano y barbero en el hospital de París. Pierre-Augustin Caron de Beaumarchais fue un comediógrafo francés, de París (1732-1799). Entre sus obras destaca “El barbero de Sevilla” (1775), primero breve composición cómica, luego ópera cómica y finalmente comedia de tipo tradicional. Pedro el Grande consideró las barbas como un signo del atraso ruso y ordenó que fueran eliminadas. La moda que reinaba en tiempos de Isabel I de Inglaterra era llevar pelucas rubias, para hacerse las cuales se solían profanar los sepulcros y cortar las cabelleras de los muertos. Además, Gillingwater era un barbero y perfumista londinense contemporáneo de Dickens, que solía guardar osos en los bajos de su establecimiento y anunciar en el escaparate como reclamo “otro oso joven cazado al día de hoy”. La grasa de oso se utilizaba entonces para el cuidado del cabello masculino. El aceite de Macasar fue muy utilizado por los caballeros victorianos como acondicionador de pelo. Y Peter Cornelius, de Maguncia (1824-1874) fue un compositor alemán, discípulo y después secretario de Liszt. Autor de numerosos lieder, de dos óperas y de una ópera cómica, “El barbero de Bagdad”. Y Ramón Ortega y Frías fue un escritor español (1825-1883), autor de unas ciento cincuenta novelas por entrega, entre las que destacan “Abelardo y Eloísa” y “El peluquero del rey”. Y Félix Vallotton fue un pintor francés, de origen suizo (1865-1925). Su pintura, de tipo realista, se caracteriza por un trazo minucioso y por una paleta opaca que recuerda las técnicas de los nabis, grupo al que estaba ligado. A diferencia de sus paisajes, que denotan unos matices marcadamente naïf, sus retratos, principalmente los desnudos de mujer, se caracterizan por un aire adusto y agresivo. Entre sus obras, las más importantes de las cuales están en el museo de arte moderno de París, cabe destacar “Mujer peinándose”. Y Gabriel de la Concepción Valdés fue un poeta cubano (1809-1844). De origen humilde, trabajó en una carpintería, después en una imprenta y por último se dedicó al oficio de peinetero. Acusado de participar en la supuesta conspiración de negros y mestizos, llamada “de la Escalera”, fue encarcelado y fusilado.

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