Lo que tenemos construido para “El comic” es lo siguiente: los dibujos animados; Tintín; Lucky Luke; las historietas ilustradas; “Los tebeos”, de Ben Shahn; Elzie Crisler Segar; Charles Schulz; la revista Pinocho; la “pintura acción” de Jackson Pollock y el “arte pop” de Andy Warhol; el “commissar” del batallón norteamericano “Abraham Lincoln” de la Guerra Civil española; “Libertario”; la fotonovela; Omar Salgari; la pseudociencia y la ciencia-ficción; Zatara; y “Doonesbury”. Los “bocadillos” o “fumetti”; y Wilhelm Busch. La pseudociencia colma necesidades emocionales poderosas que la ciencia suele dejar insatisfechas. Proporciona fantasías sobre poderes personales que nos faltan y anhelamos (como los que se atribuyen a los superhéroes de los cómics hoy en día, y anteriormente a los dioses). El enorme interés que despierta en los jóvenes la ciencia-ficción se refleja en las películas, los programas de televisión, los cómics y en la demanda de relatos ciencia ficción en la enseñanza secundaria y superior. En las tiras de cómic y libros antiguos salía un mago con sombrero y bigote que blandía un bastón de ébano. Se llamaba Zatara. Era capaz de provocar cualquier cosa, lo que fuera. Durante semanas y semanas las tiras de cómics “Doonesbury” de Gary Trudeau se llenaron de conversaciones con vegetales. Además, Charles Schulz es un dibujante de historietas humorísticas estadounidense nacido en 1922. Autodidacta y enemigo de toda excentricidad, logró imponerse desde muy joven en el mundo de los comics. Su éxito se ha debido, especialmente, a la creación de los Peanuts, colección de historietas mediante las cuales obtuvo en 1956 el premio de la National Cartoonists Society y alcanzó la celebridad entre millones de lectores del mundo entero. Sus personajes son unos muchachos y muchachas (Charlie Brown, Lucy, etc.) y el perro Snoopy. Y Pinocho fue, en los años veinte, la mejor revista infantil y juvenil que se publicaba en España. Junto a los nacionales “Pinocho” de Bartolozzi, y “Currinche y Don Turulato”, de K-Hito, concurrían en sus páginas los personajes más relevantes del cómic norteamericano. Y al concluir la segunda guerra mundial, Estados Unidos se erigió en líder incuestionable en Occidente. En las artes los norteamericanos también señalaban la pauta. La “pintura acción” de Jackson Pollock y otros, con su empleo sin restricciones del color, fue la primera forma artística estadounidense que cautivó a Europa. La pintura acción es una creación de obras de arte echando o pasando pastas de color sobre las telas y realizada con la creencia de que ello proporciona entero placer al subconsciente. Más tarde imperó la moda del “arte pop”. Ingenios como Andy Warhol intentaron referir el arte a la vida contemporánea, mediante el libre empleo de objetos de uso cotidiano e imágenes tomadas de las historietas y la publicidad.

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