También la líder territorial llamó a mi madre por teléfono. Mi madre se puso un poco a la defensiva. Más adelante, la líder me telefoneó a mí y me preguntó cuándo podían venir al piso de mi madre donde yo vivía con ella para tomar un café. Yo le respondí: no está la cosa para cafés. Y la líder me replicó: por eso mismo.

Al final, yo le pedí a mi madre que recibiera a la chica del teléfono que iba a venir y mi madre aceptó. Vino la chica del teléfono y estuvieron hablando mi madre y ella un buen rato. Mi madre le preguntó de qué vivían ella y su pareja y la chica le respondió que él hacía algunas chapucillas cuando podía (lo cierto es que la madre de la chica ayudaba a su hija dándole comida). La chica del teléfono dijo algunas afirmaciones como que las cosas de las que se había examinado en el colegio ya no las recordaba, y también en un momento dado le insistió a mi madre: ¡que hay otros valores!

Días después, en una de las reuniones de la secta en el local, con gente que solía asistir, la chica del teléfono proclamó que cuando había estado con mi madre una de las cosas que mi madre le había dicho era que íbamos a tener que ponerle una piel de plátano a uno de los profesores de la Universidad para que yo pudiera ocupar su puesto de trabajo. Y lo dijo en tono sorprendido y escandalizado, después de lo cual continuó prestando atención a lo que decía alguien de los asistentes.

Una de las cosas que también voy a decir es que esta secta algunos de los nombres que se daba a sí misma son “nueva sensibilidad” y “el movimiento”.

Continuará.

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