Mi primer contacto con el marqués de Sade fue, precisamente, gracias al Un, dos, tres. Narciso Ibáñez Serrador dedicó en 1987 un programa al erotismo y en él tuvo la genial idea de sacar a Sade. Yo en el programa que he hecho sobre el erotismo en este blog no he necesitado sacar a Sade. Ya sé que muchos lo consideran precursor del psicoanálisis, de la etnología, etcétera, pero yo sinceramente pienso que no aporta mucho a la historia de la cultura.

Más adelante, teníamos en Tercero de B. U. P. y en C. O. U. un profesor de Filosofía y de Latín y de Griego al que le gustaba gastar bromas pesadas a los alumnos. En cierta ocasión nos recomendó a todos leer las obras completas del marqués de Sade. También dijo en otra ocasión que filosofías de moda a la sazón eran el sadismo y el masoquismo.

Durante el segundo año, este inteligente y realista profesor me preguntó que porqué no estudiaba Filosofía.

A lo largo de mi vida, he estado durante mucho tiempo que no sabía qué hacer con Sade. Unas épocas en que me deshacía de sus escritos se alternaban con otras en que los volvía a comprar. Al final, he reflexionado y considero que las obras de Sade, casi todas, son violentas y furibundamente antirreligiosas y anticlericales, y en general resultan monótonas, sosas, ariscas, y perfectamente olvidables. La única obra de Sade realmente peligrosa es “La filosofía en el tocador”. Porque en ella la realidad estricta se adereza con escenas calificables de irreales y fantásticas, y está tan sutilmente mezclada la realidad con la fantasía que a veces cuesta diferenciarlas. Y eso fácilmente crea obsesiones máxime si tenemos en cuenta que ataca directamente a lo sexual. Utilizo los términos “realidad” y “realidad estricta” porque tengo la seguridad de que algunas de las técnicas de estimulación sexual que aparecen en la obra son empleadas por los homosexuales en sus relaciones.

Por otra parte, en “La filosofía en el tocador” está totalmente reprimido el amor. El amor no existe. Y las relaciones de pareja se nutren de una equilibrada mezcla de amor y pasión sexual.

Actualmente, tengo de Sade, en la entrañable casa de campo en la que vivo, dos obras, en folios, que imprimí en un cíber hace muchos años: “Julieta” (sólo la primera parte), y “La filosofía en el tocador”. Las tengo mezcladas con otros libros, en la parte más baja de una de las columnas que hago con ellos al guardarlos en mis buhardillas cuando termino de leerlos. “La filosofía en el tocador” tiene una pequeña mancha de tinta en una de las palabras del texto, la cual no se puede leer, lo cual me produce una pequeña y extraña satisfacción.

Mi madre había comprado en 1987 un piso en Murcia al lado de la Universidad, y que tuvo alquilado dos años, hasta que en 1989, año en que yo había acabado el colegio, nos mudamos a Murcia los dos para que yo empezara a estudiar Derecho. Mi abuela se vino a Murcia al principio pero como no teníamos todavía cama para ella pasó a vivir de nuevo en Cartagena en el piso de mi tía y de su marido.

Yo no acabé el primer año de Derecho y en 1990 me cambié en secreto a estudiar Filosofía, que impartían en el campus de Espinardo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s