Contestó a mi anuncio y quedé por teléfono con un chico de buena familia. Nos citamos a eso de las tres de la tarde en su calle, una calle buena de Cartagena, una alameda. Yo estaba esperando en la calle cuando se me puso de improviso delante un chico joven, velludo, viril, guapo, robusto, una delicia. Y me dio la mano sonriendo, aunque no dijo nada. Yo me entusiasmé porque creí que era el chico de buena familia. Al chico viril se le acercaron otros y se deshizo la escena. Luego cuando vino el chico de buena familia en comparación me pareció algo soso.

Claro. De nuevo la sociedad española sobre todo Murcia y Madrid buena gente. Me vieron que estaba en la calle donde vivía el chico de buena familia y uno de la sociedad española sobre todo Murcia y Madrid buena gente se acercó resueltamente a mí y me sonrió y me dio la mano. Y es que la sociedad no podía permitir que yo me emparejara a ese chico porque contradecía su idea de lo justo y lo recto, y además hubiera terminado demasiado pronto el espectáculo.

De todos modos el chico no me gustaba al principio. Cuando quedé con él sentí que me repelía, pero eso yo creo que fue después de que me diera la mano el chaval de la sociedad española sobre todo Murcia y Madrid buena gente, que me dejó estremecido. Es que la sociedad española sobre todo Murcia y Madrid buena gente me ha estado causando durante treinta años horribles estremecimientos interiores con sus simpáticas gracias de sugerirme dentro que me conocen. Son tan buenos. Pero ya les enseñará la izquierda dentro de poco lo que son los derechos, por ejemplo el derecho a la intimidad, porque la sociedad española sobre todo Murcia y Madrid buena gente es tan buena y lista pero necesita que le enseñen un poquito, la igualdad por ejemplo que les van a enseñar, no a ellos sino a sus hijos, a sus hijos les van a enseñar dentro de poco, sí, les van a enseñar flashes y chispazos de igualdad a sus hijos, ya verá, ya verá la sociedad simpática cómo les enseña.

Pero como digo, el chico de buena familia no me gustó nunca. En la carta que me mandó me decía que las cosas claritas se digieren mejor, y también me dijo que le llamase desde las cuatro de la tarde en adelante, pero sobre todo sobre esa hora. Y cuando le llamé por teléfono una de las primeras cosas que me preguntó es si el nombre que le di era el mío o el nombre de guerra. Otra de las cosas que me respondió cuando le dije que yo estaba preparando oposiciones a auxiliar administrativo es que eran muy difíciles y se presentaba mucha gente. Y eso que él también estaba preparando oposiciones, y cuando estuvimos hablando en su piso me dijo que no tocaba los libros y los tenía arrinconados.

Cuando llegó la noche, el chico de buena familia me dejó dormir en su piso. Cuando yo me retiraba, él se dirigió a su dormitorio y me indicó desde lejos algo así como que habría una luz en el corredor. Yo pasé toda la noche durmiendo y cuando me levanté me lo encontré en la cocina y me preguntó si había dormido con los angelitos.

Cuando salimos a la calle para despedirnos, me dijo que el buzón de correos donde recibía las cartas lo tenía en la oficina de enfrente. “Todo cerquita”, me espetó. Vamos, decírmelo a mí, al mudado a Murcia con su buena mamá. Hay que ver.

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