Creo que la honesta y bienintencionada carta anónima que recibí y mencioné en el post de mi amigo inmobiliario fue enviada por alguien de la sociedad española sobre todo Murcia y Madrid buena gente.

Debo contar mi profunda relación con la sociedad española sobre todo Murcia y Madrid buena gente. Conocían todos el insólito caso de mi madre la puta sin cobrar que había tenido la osadía de criar en la buena reputación al niño delicado maricón que era yo. ¿Y el hijo de la puta?, dirían. Ése es maricón, seguro. ¿Y el maricón? “¿Tienes novia?”, o como me dijo el padre de una amiga del colegio a la que visité algunas veces: “Tú no te preocupes de lo que la gente diga, ¿tú te crees que no dicen también cosas de mí?”. Claro, yo no tenía ni idea de a lo que se refería. Es que yo era prácticamente un niño.

Ya lo hacían los romanos, tranquilamente sentados viendo cómo hacían pedazos a los mártires. No (me habrían dicho si hubieran querido), es que lo tuyo va a ser digno de verse. De que lo veamos todos. Porque después de que una puta tal como tu madre te haya tenido aislado casi veinte años, va a ser digno de ver para dónde tiras y qué haces. Sabemos todos que eres maricón, porque no tienes padre y eres maricón, pero no nos importan los golpes que recibas, es más, nosotros te vamos a añadir más, porque te van a venir muy bien y sobre todo porque nosotros queremos divertirnos viendo el espectáculo.

Esto es lo que pensaba la sociedad española sobre todo Murcia y Madrid buena gente. La sociedad murciana (y también madrileña), bienpensante. Educada, dialogante y con valores.

El chico de Lorca sexualmente sufrido del que hablé en el post de Juan, el chico de Lorca sexualmente sufrido totalmente de locales de ambiente gay, con todo el perjuicio que me causó, me sirvió para conseguir algo de luz. “Ése es otro que es famoso”, me dijo una vez refiriéndose a algún homosexual que vio por las calles de Lorca.

Porque mi madre sólo se diferenció de una puta de la peor especie en que no cobró nunca.

Mi madre, la gran puta, era maestra franquista, así que absolutamente analfabeta. Un día le pregunté dónde se metía el sol por las noches y me contestó toda seria y hasta gestualizando con las manos que lo tapaban las nubes. Sí. Mi madre, la gran puta española, y naturalmente franquista y de derechas, aunque yo creo que no sabía siquiera lo que significaba ser de derechas, intentó en una ocasión seducirme. Lo digo hablando en plata, pero finamente. Sin llegar a acostarse conmigo, porque como ella decía era mi madre y no podía hacer algo así, eso lo tenía en la cabeza porque ya se sabe que los analfabetos de derechas lo único que tienen en la cabeza es la gran sabiduría de la Iglesia católica, la que les dice con toda su sabiduría lo que está bien y está mal, que ya se sabe que cuando la Iglesia católica encubre a pederastas lo hace porque en su gran sabiduría sabe lo que está bien y está mal, pues mi madre la gran puta quiso seducirme porque quería destruir completamente mi homosexualidad. Salí de la gran puta en estado de shock, pero conseguí sobrevivir físicamente a la gran puta. Yo es que creo que la sociedad española sobre todo Murcia y Madrid buena gente nunca ha sabido estas cosas y por eso no me ha entendido nunca, pero ya se sabe que la sociedad española sobre todo Murcia y Madrid buena gente es muy buena y muy lista porque hace siempre lo que dictamina la Iglesia católica, otra gran puta a su manera a la que le pone mucho debajo de las faldas ver que la gente buena y lista la obedece sin rechistar.

Y el niño delicado maricón, yo, un niño sin educación, sin valores, sin cultura, sin habilidades sociales, sin amigos, sin nada de nada, tuvo que enfrentarse, siendo un niño, al marqués de Sade, a varios miembros de una secta de izquierda absolutamente destructiva, a una madre que me sometió durante tres años a una violencia verbal y gestual desalmada y continuada sólo por satisfacer su vanidad amenazada, a la fimosis, a la sociedad española sobre todo Murcia y Madrid buena gente, tranquilamente sentada en sus asientos y dispuesta a arrojarme hortalizas de vez en cuando, y encima a los liberados homosexuales de los locales del ambiente gay de la región murciana esperando con los dientes afilados a que yo acabara cayendo en sus garras.

Mencionaré más veces a la sociedad española sobre todo Murcia y Madrid buena gente.

Creo que a principios o mediados de la década de 2000 la sociedad española sobre todo Murcia y Madrid buena gente empezó a desinteresarse por mí, porque en 2009 y 2010 hice unas cosas, de las que daré algunas pistas en su momento, las cuales, si se hubiera enterado la sociedad española sobre todo Murcia y Madrid buena gente de ellas, habrían herido sin duda su delicada sensibilidad y me lo habrían hecho advertir. Pero nada pasó.

De todos modos, en esa década de 2000 la sociedad española sobre todo Murcia y Madrid buena gente hizo por dar un buen golpe para gozar de un gran espectáculo. Porque tras mi conflictiva salida del ambiente gay me refugié en el chalé que mi tía tenía en Cartagena donde conocí a unos preciosos perritos. Yo todavía tenía en propiedad un piso en Murcia. Y la sociedad española sobre todo Murcia y Madrid buena gente quería que yo diera un escándalo en mi refugio en el chalé de Cartagena de mi tía, por eso en Murcia los vecinos de mi piso hicieron correr el rumor, para que llegara a mí, como de hecho llegó por un vecino que quería comprar, de que yo iba a vender el piso. Naturalmente, debían hacer que yo me deshiciera del piso para que el espectáculo lo diera en el chalé de Cartagena, como ellos querían para poder gozarlo, y no en el piso de Murcia, que era mi picadero. Pero les salió el tiro por la culata a la sociedad española sobre todo Murcia y Madrid buena gente, porque el piso de Murcia lo conservé mucho tiempo y siguió siendo el picadero desde 2002 hasta 2004. Y eso que a principios de la década, yo que estaba tan tranquilo en Cartagena con mis perritos, y la sociedad española sobre todo Murcia y Madrid buena gente me hizo llegar, a través del jardinero, que era también buena gente, recuerdos a través de rumores, de “cosas que uno oía”, de mi pasada vida de espectáculo con el que tanto había gozado la sociedad española sobre todo Murcia y Madrid buena gente, y quería más, y por eso quisieron hacerme llegar los recuerdos de esas “cosas”, para ver si me agitaban por dentro. Se debieron de llevar un chasco cuando vieron que yo actuaba en Murcia y no en Cartagena, y el chasco debió de ser mayor cuando contemplaron cómo yo abandonaba los escarceos homosexuales en 2004 y me refugiaba en internet. Ya me lo dijo la chica del cíber al que iba: “Estoy aquí yo, solica”. O alguno de los jóvenes clientes que se dirigió a ella: “Es que los maricones…”. Lamento que no pudieran disfrutar del espectáculo que tanto había ansiado la sociedad española sobre todo Murcia y Madrid buena gente. Pero que no se preocupen, todavía les queda Vox.

Ahora mismo, sólo en mi familia, en la parte de los primitos, y por el honrado motivo del interés económico, se sigue con la mosca en la oreja acerca de mi peligrosidad social. Porque consideran peligroso, para su interés en disputarme la herencia claro, lo que haga con ella y los disparates que pueda empezar a volver a hacer este maricón solitario y casi loco en cuanto se quede sin su tía.

Es que para esta sociedad española sobre todo Murcia y Madrid buena gente, y especialmente los cartageneros que son buena gente, lo único que importa son las murmuraciones y las apariencias. Ni siquiera lo que dice el cura, que se lo pasan en el fondo por el arco de triunfo, que es su destino final, sino eso: las apariencias. Por eso mis primos segundos, que son unos secuestradores y unos asesinos en tentativa, como son gente respetable que guarda las apariencias, son buena gente aunque tengan esos pequeños defectillos. Los homosexuales no, ya sabes lo que dice el cura para que nosotros tengamos buenos y tranquilos orgasmos, que los homosexuales son muy malos. Así que cualquier homosexual que ha tratado de acercarse a mí es malo, malísimo, Satán, Belcebú. “E” un Satán.

El punto álgido del niño delicado maricón fue mi entrada con los homosexuales del ambiente gay, lo cual les puso a ellos la sonrisa de oreja a oreja durante una buena temporada. Qué gana teníamos de que cayera, y ha caído. Fue cuando me salí del ambiente gay, lo cual también contaré en su momento porque no fue una salida pacífica, cuando la sociedad española sobre todo Murcia y Madrid buena gente vio que estaba perdido y que no había mucho más espectáculo que ver en lo sucesivo y entonces empezaron a levantarse de sus butacas. Porque si caes en el ambiente gay, o te quedas para siempre, que es lo más razonable, o si sales ya sabes que no tienes dónde caerte muerto.

Por otra parte, hace algún tiempo un serio cajero de supermercado cuando me despedí sin comprar nada me dijo: adiós, hijo mío. Y eso me ha dado a pensar que recientemente la sociedad española sobre todo Murcia y Madrid buena gente ha pasado de decir que soy un maricón a decir que soy un maricón inmaduro. Es que con todo lo que te ha pasado debías haber madurado, y no lo has hecho, te has quedado ahí, como un niño tonto.

¡Menos mal que la mentalidad de la sociedad española sobre todo Murcia y Madrid buena gente ha cambiado un poco! ¡Menos mal que la mentalidad de la sociedad española sobre todo Murcia y Madrid buena gente ha aprendido un poco lo que son los derechos, por ejemplo el derecho a la intimidad, ella que es tan buena y tan lista y tan aficionada a la televisión y a disfrutar de espectáculos!

Porque que tenga por seguro la sociedad española sobre todo Murcia y Madrid buena gente que van a seguir aprendiendo. Porque dentro de muy poquito les va a empezar a enseñar la izquierda. Igualdad. No a ellos, sino a sus hijos. Va a ver la simpática sociedad que me ha estado causando estremecimientos horribles interiores durante treinta años con sus gracias de sugerirme dentro que me conocen, cómo la izquierda les va a enseñar mucho a sus hijos, para que sigan aprendiendo. Ya verá la sociedad española sobre todo Murcia y Madrid buena gente, cómo les van a meter a sus hijos flashes y chispazos de igualdad. Ya verá, ya verá. Ya verá que gracia. Les queda todavía por ver. El espectáculo no ha terminado todavía, como la simpática sociedad cree. Ahora van a ver más espectáculos, a ver si éstos les gustan tanto. Veremos a ver quién se ríe el último.

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