También vino a visitarme un chico que cuando contacté por teléfono con él al recibir su carta me dijo que era alto y rubio, y qué va, era bastante feúcho. Pues resulta que en el otoño o invierno de 1993-1994, no recuerdo muy bien cuándo, descubrí, como diré en su momento, junto con un amiguito que tenía entonces, que este chico, que era de Cartagena, tenía un hermano tan rarillo como él al que le gustaban las ciencias ocultas. Ya lo contaré. Bueno, pues quedé con el feúcho en la calle más o menos cerca de mi piso y él me dijo que me iba a enseñar a vivir. Pero qué va, era un hombrecillo bastante feíllo, rarillo, un pelín mentirosillo en la cama porque hacía algunas cositas que no debía como quitarse el preservativo cuando creía que yo no me había dado cuenta. Pero la verdad es que no creo que fuera mala persona, ni él ni su hermano.

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