Vino a mi piso también otro casado que practicaba intercambio de parejas. Me ofreció también participar en un trío con su mujer, al igual que hizo Marcos y el casado sonriente. Pero éste no se asustó cuando le dije que no, como el casado sonriente, ni se enfadó un poco, como Marcos. Éste era como un gnomito, bajito, chiquito, pero para mi gusto guapo.

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