Mi amigo el hombre de la peña huertana hizo una cosa feísima. Yo confiaba en él, y le enseñaba las cartas que recibía de algunas personas. Y le mostré una de un chico que él seguramente detectó enseguida apetecible, porque una tarde apareció en mi piso y me dijo: “¿Sabes con quién he estado? Con (…), de Algezares”. No hicieron nada, porque el de Algezares como pude comprobar le había sacado muy finamente la piel a tiras.

Antes de que ocurriera esto, yo había telefoneado al de Algezares al número que me dio en su carta. Y creo que no perdí ninguna oportunidad, porque cuando se puso al teléfono me dijo que estaba durmiendo la siesta y que le escribiera. Seguro que no hubiéramos llegado a nada.

Después de la trastada del hombre de la peña huertana, el de Algezares volvió a llamarme y, después de un silencio, me preguntó porqué estaba con alguien tan mayor, refiriéndose al hombre de la peña huertana, que por entonces contaba alrededor de treinta. Yo tenía veintidós.

Posteriormente, el de Algezares me llamó y me visitó unas pocas veces. Una de las cosas que le dije es que había estado en una secta (el Partido Humanista del que hablé en anteriores posts).

En su última visita, él me dijo que le daba lo mismo ocho que ochenta. Pensé que era una manera indirecta de referirse a mí, y le dije que sí. Me preguntó si se lo confirmaba, y cuando se fue por la puerta no volví a verle más.

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