Vino a mi piso un hombre que trabajaba en Correos. Lo descubrí varios meses después, porque lo encontré casualmente allí, más o menos creo que cuando volvió a visitarme la temporada en que me fui a vivir a la playa, cosa que contaré en su momento.

Al principio parecía un poco reacio. Se apoyó de espaldas en una pared. Y cuando estábamos juntos, sonó el teléfono, lo cual le cortó y se marchó. Pero, como digo, volvió meses después y esta vez llegamos al final.

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