Artículo 2. Si la encarnación fue necesaria para la redención del género humano.

El dios de la Iglesia católica es como un padre inamovible que viene a nosotros como quien no quiere la cosa. La Iglesia católica pretende hacernos un favor dándonos su carne, que compara a un caballo para viajar. Llama Santo Tomás “miseria” a nuestra situación anterior. Considera al género humano tan estúpido que no sería capaz de creer en la Iglesia si no mediaran esas imágenes carnales.

Veo que la Iglesia se vuelve burguesa. Pero también mendiga, pues la Iglesia, tan ávida de llegar a todos los corazones, se considera necesaria incluso para los más insolventes.

La carne de los católicos se solaza la de unos con la de otros siguiendo el ejemplo del Verbo encarnado. A eso lo llama “caridad inflamada”. Que ni siquiera es amor, porque a continuación dice que el amor hay que destinarlo a Dios.

No me extraña que los católicos no tengan nada en la cabeza y algunos parezcan auténticos puercos.

Pero aun así, Santo Tomás dictamina que deben considerarse superiores al demonio. Y que los que no son como ellos son unos degenerados. Siempre y cuando ellos obedezcan ciegamente a la Iglesia católica, que les bendice con la gracia, la justicia y la humildad, naturalmente. Igual que Jesucristo, que a pesar de su humildad debemos adorar, también como si él no quisiera la cosa. Hasta ahí determina Santo Tomás que debe estar la frontera del limitado conocimiento asumible por los católicos.

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