Artículo 3. Si Dios se hubiese encarnado aunque el hombre no hubiera pecado.

La Iglesia católica considera a su dios como la suma perfección, que a través de Cristo trabaja para el hombre, aunque añade que el hombre no tiene ningún derecho a conocer en qué consiste ese trabajo. Obliga, sin embargo, a leer la Escritura, para que el hombre asuma que es un pecador y que la encarnación trabaja por él por eso. Y además, un pecador sexual, como dice San Agustín, el desenfrenado pecador, “para extinguir los vicios de la carne”. Presume de crear “las cosas de la nada”, como un mago, y añade que el hombre debe mostrarse absolutamente sumiso, y además rechazado como persona, pues “que la criatura se una personalmente a Dios rebasa el ámbito de su perfección natural”.

Además, según Santo Tomás Dios consiente el pecado sexual para que, a partir de él, el hombre se sienta feliz de haber alcanzado la gracia, pues “permite los males para sacar un bien mayor”. Y va más allá, dice que ello, la encarnación, estaba predestinado e incluso sugerido con anterioridad al hombre, representado por Adán, antes de pecar. Sin duda para que el hombre ya no sienta el más mínimo deseo de pensar.

Evidentemente el dios católico actúa como un violador y un castrador.

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