La Iglesia católica de Jesucristo se convierte en una pocilga para puercos.

Artículo 2. Si la encarnación fue necesaria para la redención del género humano.

El dios de la Iglesia católica es como un padre inamovible que viene a nosotros como quien no quiere la cosa. La Iglesia católica pretende hacernos un favor dándonos su carne, que compara a un caballo para viajar. Llama Santo Tomás “miseria” a nuestra situación anterior. Considera al género humano tan estúpido que no sería capaz de creer en la Iglesia si no mediaran esas imágenes carnales.

Veo que la Iglesia se vuelve burguesa. Pero también mendiga, pues la Iglesia, tan ávida de llegar a todos los corazones, se considera necesaria incluso para los más insolventes.

La carne de los católicos se solaza la de unos con la de otros siguiendo el ejemplo del Verbo encarnado. A eso lo llama “caridad inflamada”. Que ni siquiera es amor, porque a continuación dice que el amor hay que destinarlo a Dios.

No me extraña que los católicos no tengan nada en la cabeza y algunos parezcan auténticos puercos.

Pero aun así, Santo Tomás dictamina que deben considerarse superiores al demonio. Y que los que no son como ellos son unos degenerados. Siempre y cuando ellos obedezcan ciegamente a la Iglesia católica, que les bendice con la gracia, la justicia y la humildad, naturalmente. Igual que Jesucristo, que a pesar de su humildad debemos adorar, también como si él no quisiera la cosa. Hasta ahí determina Santo Tomás que debe estar la frontera del limitado conocimiento asumible por los católicos.

El de Correos.

Vino a mi piso un hombre que trabajaba en Correos. Lo descubrí varios meses después, porque lo encontré casualmente allí, más o menos creo que cuando volvió a visitarme la temporada en que me fui a vivir a la playa, cosa que contaré en su momento.

Al principio parecía un poco reacio. Se apoyó de espaldas en una pared. Y cuando estábamos juntos, sonó el teléfono, lo cual le cortó y se marchó. Pero, como digo, volvió meses después y esta vez llegamos al final.

Retazos de una bitácora (17/9/2020).

“Dices: “Los matrimonios compuestos de hombre y mujer (pues no me atrevo a llamarlos heterosexuales) que practican intercambios sexuales con otros matrimonios de hombre y mujer no pueden tener los mismos derechos que los matrimonios heterosexuales que no practican esos intercambios porque incumplen la obligación del Código Civil de guardarse fidelidad”.
Por lo menos, en esta ocasión te reconozco que has dicho algo basado en datos objetivos y no en fabulaciones y chorradas como haces habitualmente. Bien, primero tratas de insultarlos pues dices que no te atreves a llamarlos heterosexuales. Pero supongo que sabrás que habrá de todo, quienes sean bisexuales, quienes sean únicamente heterosexuales y aquéllos incluso a los que no les gusten los homosexuales. En segundo lugar, el que el Código Civil exija guardar fidelidad, ¿implica que los matrimonios que practican intercambios no sean iguales que los demás? Como personas son iguales que los demás. Y en tercer lugar, ten en cuenta que las leyes cambian, no puedes demonizar a unas personas sin considerar que en un futuro puede la ley recoger sus derechos”.

A la Iglesia le gustan la carne y las riquezas.

Como yo nací el día de la Encarnación, me aventuro a comentar el libro de Santo Tomás de Aquino de la Suma Teológica que está dedicado al Verbo encarnado.

Cuestión 1. Conveniencia de la encarnación.

Artículo 1. Si era conveniente que Dios se encarnase.

Dios representa la soberbia del hombre al crearlo. La Iglesia católica, una de sus principales valedoras, es una institución aranera que considera al mundo un peligro y a la carne un pecado. Por tanto, es necesario atacarlos. Pero como es soberbia, decide que por necesidad su dios debe verse encarnado.

Damasceno dice que “por el misterio de la encarnación nos son mostradas a un tiempo la bondad, la sabiduría, la justicia y el poder de Dios”. Efectivamente, una institución como la Iglesia católica, malvada, asesina y ladrona, hipócrita, capciosa y mentirosa, inicua y muy ambiciosa, no puede por menos que revestir a su creación de esas cualidades.

La Iglesia católica reprime la sexualidad y por tanto ciega y confunde al hombre con un espantoso barullo compuesto nada menos que de tres realidades: el Verbo, el alma y la carne, tres entes que recogió en una expresión san Agustín, el gran libertino arrepentido.

Según Santo Tomás, la criatura encarnada debe cambiar en su unión a Dios, y no él. Jesucristo es el modelo a seguir por los católicos engañados por una Iglesia que ante todo debe reprimir la sexualidad y el razonamiento humanos. Con el fin de mantener su poder, su autoridad y sus riquezas.

Como era de esperar, Santo Tomás cierra su artículo con un insulto a los hombres carnales y sensibles.

Adoro a Lucifer.

Un interesante estudio etnológico de James George Frazer, “La rama dorada”, del siglo XIX, muestra que las sociedades paganas martirizaban a los individuos que eran considerados dioses porque formaba parte de un ritual. Creo que Lucifer, Satanás, Belcebú, al que yo adoro, vino al mundo en forma de Jesucristo y pasó por el suplicio para ser aceptado como Dios de la tierra. Jesucristo es Lucifer, y su Pasión un rito pagano. Si existe algún dios de bondad, que contrapesaría a Lucifer, creo que debe ser un ente misérrimo y flojo.

El cristianismo es un engaño de Lucifer para los tontos.

Cuando yo muera, quiero ir directo al infierno, donde correré a ponerme de rodillas a los pies de Satán esperando cumplir sus órdenes.

El de Algezares.

Mi amigo el hombre de la peña huertana hizo una cosa feísima. Yo confiaba en él, y le enseñaba las cartas que recibía de algunas personas. Y le mostré una de un chico que él seguramente detectó enseguida apetecible, porque una tarde apareció en mi piso y me dijo: “¿Sabes con quién he estado? Con (…), de Algezares”. No hicieron nada, porque el de Algezares como pude comprobar le había sacado muy finamente la piel a tiras.

Antes de que ocurriera esto, yo había telefoneado al de Algezares al número que me dio en su carta. Y creo que no perdí ninguna oportunidad, porque cuando se puso al teléfono me dijo que estaba durmiendo la siesta y que le escribiera. Seguro que no hubiéramos llegado a nada.

Después de la trastada del hombre de la peña huertana, el de Algezares volvió a llamarme y, después de un silencio, me preguntó porqué estaba con alguien tan mayor, refiriéndose al hombre de la peña huertana, que por entonces contaba alrededor de treinta. Yo tenía veintidós.

Posteriormente, el de Algezares me llamó y me visitó unas pocas veces. Una de las cosas que le dije es que había estado en una secta (el Partido Humanista del que hablé en anteriores posts).

En su última visita, él me dijo que le daba lo mismo ocho que ochenta. Pensé que era una manera indirecta de referirse a mí, y le dije que sí. Me preguntó si se lo confirmaba, y cuando se fue por la puerta no volví a verle más.

Retazos de una bitácora (16/9/2020).

“Dices: “Afirmar que las peculiaridades del mundo homosexual se pueden predicar también de los heterosexuales es como decir que la descripción que hace Alexander Solzhenitsin en “Archipiélago Gulag” no es válida porque los nazis y la Inquisición hacían lo mismo”.
Veo que también eres un engreído. ¿Pretendes comparar los gulags soviéticos, los nazis y la Inquisición con tus extravagantes experiencias personales con homosexuales? Qué poco sabes de la vida”.

Retazos de una bitácora (15/9/2020).

“Dices: “En los antiguos foros de “El País” un homosexual que defendía los derechos de los gays y lesbianas escribió “aparte” separado, así, “a parte”, el analfabeto”.
Eres un mezquino. Vuelvo a decirte que ese tipo de cosas puede deberse simplemente a un despiste momentáneo”.

Retazos de una bitácora (14/9/2020).

“Dices: “Una vez hablé con un homosexual activista de los que atienden el teléfono y el ignorante no sabía dónde estaba Murcia”.
¡Pero esto es el colmo! ¿Cómo te atreves a llamarle ignorante si con toda seguridad era una persona con mayor sabiduría que la que puedas tú tener nunca? ¡Mejor para él si ignoraba dónde está Murcia! Veo que eres de Murcia, pues yo también lo soy, y no sé si te habrás dado cuenta en tu ignorancia pero Murcia es un bastión de la Iglesia católica, de la derecha más extremista, y eso hace que los pobres homosexuales murcianos vayan huyendo como pueden de la represión. Tú sí que eres un despreciable ignorante. Pobre de ti, das pena, y espero que algún día encuentres la horma de tu zapato para que aprendas dónde está la verdad”.

El que me regaló dinero.

Estuve con un hombre en mi piso que al empezar a marcharse me regaló cinco mil pesetas. Yo al principio no las quería, pero él insistió. Al salir estuvimos en un bar y me contó que había estado con uno que lo que quería era dinero.